450 años de lo mismo

Ya se sabe: los políticos, en general, y de forma destacada aquellos que hacen “obras y monumentos” (del signo que sea) gustan de inauguraciones. Incluso de más de una inauguración por obra, si la ocasión da para ello.

El Ministerio de Fomento, y los/as titulares del mismo, son especialmente inclinados a este tipo de inauguraciones propagandísticas. No llevo la cuenta de las invitaciones que, obra a obra, he venido recibiendo de este Ministerio en el tiempo en que vengo siendo portavoz por el PNV en la Comisión de dicha área.

No soy muy dado a ese tipo de “trabajos”. Ni, por lo demás, me da la vida para todo.

Anteayer hice una excepción. Invitado por el Ministro Blanco me subí al tren, de alta velocidad, que partió a las 11 de la mañana, camino de Cuenca y de Albacete.

A las cinco de la tarde volví a estar en mi despacho, tras la inauguración por los Príncipes de un monolito en Cuenca, y tras escuchar una ristra de discursos en la nueva estación de Albacete, a donde empezará a llegar el tren de alta velocidad, de forma regular, este fin de semana, y camino de Valencia (camino de…, partiendo, cómo no, de esa centralidad sacrosanta en la planificación infraestructural española, que es Madrid, de donde arrancan y donde finalizan todos los caminos, viarios, aeroportuarios y ferroviarios (y también, en buena medida, la gestión administrativa –a falta de tener mar- de los portuarios).

Recojo y hago crónica de estos hechos para, a continuación, trasladar aquí algunas de las reflexiones que, camino de vuelta al Congeso, me hacía a mí mismo, mientras el tren volaba a baja altura y a gran velocidad.

Mi enhorabuena, para empezar, a los conquenses, a los albaceteños/as y a todos los castellano-manchegos que tienen ya “la suerte” de que todas las capitales de su Comunidad Autónoma dispongan de TAV, incluidas las correspondientes estaciones. Enhorabuena sincera.

Me gustaría conocer, en detalle, la intrahistoria que ha acabado en este buen resultado para Castilla La Mancha. Más por curiosidad, y, si se quiere, por envidia que por ninguna otra razón.

Que nadie, en todo caso, me venga con “historias” de que estas buena suerte se deba a PEITs (Plan Estratégico de Infraestructuras de Transporte) u otras supuestas planificaciones rigurosas y transparentes. El tren de alta velocidad, como todo lo que tiene que ver con las infraestructuras de transporte del Estado español, responde a dos coordenadas: por un lado, a la que ha supuesto el proyecto borbónico, seguido a pies juntillas por la derecha e izquierda políticas españolas, de hacer de Madrid, valiéndose para ello del conjunto de las políticas de transporte, la capital administrativa y políticas del Estado. (Aconsejo a mis amigos y amigas, interesados/as en este tema que se hagan con el libro ESPAÑA, CAPITAL PARIS de Germa Bel, de reciente aparición, y sobre el que tengo intención de colgar algún post un día de estos).

Los criterios objetivos y transparentes sobre los que supuestamente se hubiera venido desarrollando la política de infraestructuras del transporte en el Estado español son simplemente una fábula. La única realidad es la construcción política de una España radial, con el centro en Madrid, o, como dice Bel, una España a la búsqueda de su modelo Paris, esto es, a la búsqueda de hacer del Madrid sede cortesana la “capital total”.

Convencido de esto, le he manifestado, en repetidas ocasiones, en estos últimos tiempos, al Ministro Blanco mi disposición a participar en una hoguera (purificadora, al estilo de las de la víspera de San Juan)a la que fueran a parar, para ser inmolados, los innumerables informes de supuestas planificaciones, que el Ministerio ha venido elaborando y haciendo publicas, a través de los tiempos, con Ministros PP y/o Ministros PSOE, con el objetivo, prácticamente único, de entretener y despistar al personal, y así poder seguir jugando a la arbitrariedad y al amiguismo).

Ni planificación, ni gestión transparente, ni nada que se le parezca. Ministro/a a Ministro/a, PP y/o PSOE, han practicado siempre un doble juego: por un lado, se aparenta, mediante gestos, libros y discursos, supuestas planificaciones indicativas. Por otro, Ministro/a a Ministro/a, asimismo PP y/o PSOE, y siempre con la cobertura de los citados planes, han ido prometiendo, priorizando y poniendo en marcha aquellos planes y proyectos que más les convinieran o apetecieran o respondieran a los requerimientos de los mejores conseguidores. (Entre estos últimos, por cierto, tengo el nada dudoso honor de estar, como miembro del Grupo parlamentario del PNV, respecto a la Y vasca).

A los vascos, en general, nos ha ido más bien mal con estas reglas de juego. Los Ministros, como puede comprobarse, por ejemplo, en el ámbito ferroviario, han mirado para otro lado. Por ejemplo, en el tren de alta velocidad, para Andalucía, para Castilla la Mancha, para Valencia, para… Afortunadamente, siguiendo en este mismo ámbito, tuvimos el acierto, en el Grupo Vasco, de forzar un acuerdo sobre el TAV con ocasión de un debate presupuestario. He escrito forzar, y no retiraré este verbo, me lo pida quien me lo pida. Fue en época de la Ministra Magdalena Alvarez. En su época y contra su voluntad, como cuentan las crónicas cómplices a las que nos ha sido dado acceder, conseguimos no sólo acelerar las obras del tramo Vitoria-Bilbao, sino, también, pasar la responsabilidad de la ejecución del tramo Arrasate-Irún al Gobierno Vasco.

No se me olvida que, al respecto, por lo que al TAV se refiere, existe en Euskadi un cierto debate. Respetable, como todos los debates. Pero, desde la exigencia del mismo respeto, debo decir que menos mal que, en su día, concluimos aquel acuerdo y pusimos en marcha, y volvimos indiscutible, la famosa Y vasca. ¡Qué sería de nosotros si nos pilla la crisis económica actual sin aquellos acuerdos!

En la estación de Albacete, donde anteayer tuvo lugar el acto inaugural al que vengo refiriéndome, una Diputada compañera del PSOE fue presentándome a un amplio número de fuerzas civiles y sociales que, desde una participación ciudadana organizada, reivindicaban con orgullo el que, habiendo luchado porque el TAV llegara, un día, a Albacete, podían mostrarse, como se mostraban, mostraban contentos y satisfechos. Tanto o más que el propio Ministro Blanco.

“He venido a entrenarme para cuando el TAV llegue a Gasteiz, Bilbao y San Sebastián”, me cansé de repetir a cuantos se me dirigían más o menos extrañados de mi presencia allí. Y especialmente a los numerosos responsables de la administración central de que eso sea así.

Lo aclaro: nadie, ningún responsable me puso fecha segura para tal acontecimiento, independientemente de mostrar educadamente su genérica buena voluntad.

Conclusión: Los diputados/as del PNV vamos a tener que seguir luchando en Madrid en este tema. La “coyuntura” económica actual vuelve a complicarnos la situación. Y, claro, no podremos contar con ningún “Bono” socialista de turno (el Lehendakari Lopez no se le parece en nada al respecto).

Pero el tren llegará. Y ese día sí, si me invitan, volveré a subir al TAV, con Príncipes y Ministros o sin ellos, para sentir el orgullo que ayer sentían los y la albaceteñas con quienes pude departir tras escuchar la ristra de discursos a la que me he referido anteriormente.

No tendré empacho, incluso, en escuchar eso que observo que dicen los Ministros y Ministras últimamente, cada vez que van a Euskadi a participar en la inauguración de algo que ha sido posible gracias a las enmiendas introducidas por el Grupo parlamentario vasco del PNV: “El Estado –dicen- ha invertido en este proyecto… no sé cuantos millones”

“Pues el Estado soy yo mismo”, da ganas de responder como miembro del grupo parlamentario del PNV, y de hecho algo así he respondido en alguna ocasión.

En todo caso, las celebraciones del tren de alta velocidad están todavía lamentablemente lejanos en Euskadi. Sigue siendo el turno de otros. Y sigue impertérrito, también en los tiempos de la alta velocidad, el proyecto de la España centralista de siempre. O de casi siempre. Dice Germa Bel que todo arranca de cuando Felipe II decidió trasladar la sede de la corte de la monarquía de Toledo a Madrid. En 1561. Falta nada para 450 años.

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About José Ramón Beloki

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One response to “450 años de lo mismo

  • keperin

    Sr.Beloki.No solo los diputados sio tambien los senadores.¿O es que no son parlamentarios del PNV?.Tiene usted la tendencia a olvidar que las Cortes Generales se componen de diputados y senadores y senadoras y que la misma Comsion de Fomento que hay en el Congreso la hay en el Senado y que tambien los senadores fueron invitados,pero no fueron.¿Por que será?.Y además tiene usted ahi a su correligionaria Lorea Leanizbarrutia,senadora muy eficaz y trabajadora que representa de la misma manera a Gipuzkoa como usted,sino más,pues ha sido elegida en listas abiertas.
    ¡Que duro es usted con quienes no están en la Mesa del Congreso tan cerca de Bono y tan lejos de Dios¡.

Utzi erantzun bat

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