El descontrol “pactado” de los controladores

No hacía falta que desde el Ministerio de Fomento nos fuera radiando, la tarde-noche del pasado viernes, lo que estaba ocurriendo en los aeropuertos españoles a raíz del plante de los controladores aéreos españoles para adivinar que había llegado la hora de la verdadera crisis. Y que, por lo mismo, había llegado la hora de que el Gobierno tomara, si alguna vez, las medidas necesarias para resolver este problema tan grave como enquistado.

Todavía conservo vivos en la memoria las conversaciones y debates que mantuvimos en el Congreso, están a punto de cumplirse los diez meses, con ocasión de la convalidación del Real Decreto-Ley 1/2010, de 5 de febrero, por el que se regula la prestación de servicios de tránsito aéreo, se establecen las obligaciones de los proveedores civiles de dichos servicios y se fijan determinadas condiciones laborales para los controladores civiles de tránsito aéreo.

Semanas antes, el Ministro Blanco, recién nombrado tal, había levantado, con ánimo de cazarla se supone, la liebre, hasta ese momento suelta y libre como pocos, de los controladores aéreos. Recordaré siempre que, ya entonces, surgía la duda de si ello iba a ser posible sin una crisis y sin unas medidas como las que acaba de tomar el Gobierno de Zapatero.

No había más que fijar la vista, con algún detalle, en dos aspectos del tema: a qué situación se había llegado con los controladores aéreos españoles; y para mí, no menos, cómo se había generado tal situación.

Que los controladores aéreos eran unos privilegiados y campaban a sus anchas es algo conocido porque ha sido la línea en la que ha insistido este Gobierno del PSOE y en la que el PP no ha tenido interés mayor en discrepar: sus sueldos eran fabulosos, sus condiciones de trabajo y jubilación no menos,… y todo eso que ya conoce todo el mundo.

Menor interés, ninguna más bien, han tenido, tanto el PSOE como el PP, en subrayar cómo se ha llegado a esta situación, como se lo recordé a ambos en el debate citado del pasado 11 de febrero. Porque la paradoja, y el auténtico escándalo de lo que han llegado a ser los controladores en el Estado español está en cómo un Gobierno tras otro, del año 1999 hasta nuestros días, han colaborado en que esto ocurriera. En efecto, no sin razón vienen repitiendo, al respecto, los controladores que el “status” alcanzado por ellos al cabo de estos años ha sido mediante la aplicación de un Convenio laboral, firmado tanto por parte los propios controladores como por parte de Aena, es decir, el Ministerio de Fomento.

El descontrol de los controladores, sea o no políticamente correcto que se diga ahora mismo, tiene, por lo mismo, responsables a un lado y otro del Convenio. Se debe a ambos firmantes.

A estas alturas de mi vida no me da la ingenuidad para pensar que un desmadre, tan desproporcionado como organizado y pactado, pudiera resolverse por esas apelaciones, que cada vez me resultan más falsas y evasivas, a que hay que negociar. He vuelto a escuchar, estos días nuevamente, no sé cuántas veces. Y cada vez me he preguntado: pero si este desmadre viene justamente de haber practicado tal supuesta negociación.
Debo confesar, por ello, con franqueza: más me hubiera extrañado que esto se hubiera resuelto por vía de pura negociación que sin pasar por las turbulencias de una crisis. El hecho de que en su día hubiera que recurrir a un Decreto Ley para mandar a tomar vientos el Convenio vigente firmado por ambas partes daba ya una pista clara de ello. Y, tras dicho decreto, de hecho, quienes hemos seguido viajando constantemente en los aviones hemos venido padeciendo, en tiempo de supuesta negociación, tal crisis, en dosis no siempre fácilmente digeribles.

El pasado viernes llegó la explosión. O el descontrol de la misma. Un nuevo Decreto Ley del Gobierno pudo haber sido la escusa de que hayamos asistido a una explosión en cadena que ha cubierto, con humo de puro desastre, a los propios controladores, el llamado cielo aéreo español, y más cosas, empezando por una historia que, en esto y en muchas más cosas, es una historia lamentable como pocas: la historia del Ministerio de Fomento del Gobierno de España.

Seguramente es uno de los Ministerios que, a lo largo de su historia, ha sido gestionado con más arrogancia y prepotencia, por los Gobiernos de turno, bien sea del PSOE bien del PP. He aquí uno de sus resultados. Pero hay otros, no menos llamativos y serios. Ahora que ha llegado la crisis económica, y ha llegado para quedarse, empezamos todos a tener constancia inapelable de los mismos. ¡Y lo que nos queda! Ni se sabe.

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