“Luego, la política”

Lo leí el pasado jueves en la columna de Jordi Barbeta en La Vanguardia. Cerraba su análisis con estas palabras que aparecían entrecomilladas: “Luego, la política”. La columna se titulaba “Un engorroso asunto regional”. Se refería a “lo del Estatut y el Tribunal Constitucional”. Y el autor del comentario ponía las palabras entrecomilladas en boca de un conocido político “nacional” del PP, de Federico Trillo.

No conozco en exceso a Federico Trillo. He tenido conocimiento de sus “andanzas y opiniones políticas” sobre todo a través de los medios de comunicación. Pero en el curso de estos últimos años en Madrid, alguna que otra ocasión he tenido para hablar con él, digámoslo así, “discretamente”.

Lo de “luego, la política” ofrece múltiples interpretaciones y lecturas. Pero es difícil no coincidir genéricamente, con quien piense así, que, efectivamente, a la vista de las cosas que están ocurriendo en España, no sólo en relación con el Estatut, la necesidad, antes o después, de la política empieza a ser un clamor.

Podría alguien replicar que “vaya novedad”, dado que reclamar la necesidad de la política estando en política es, en el mejor de los casos, una especie de redundancia evidente. Pero estoy convencido de que la citada expresión de Trillo no puede ser reducida a la expresión de esa obviedad.

La política española (entendida en su sentido más amplio) está cada día más necesitada de política. Los amigos con los que converso de política regularmente pueden dar fe de que vengo afirmando esto desde tiempo atrás. Añado: cada día lo reafirmo con mayor convencimiento. Y cada vez que lo hago observo que escribo la palabra “política” con letras más gruesas, de mayor tamaño y más en negrita. Hasta el punto que llevo concluido para mí que caminamos a lo que genéricamente pudiéramos denominar una “segunda transición”. He escuchado, en alguna ocasión, esta misma expresión de boca de Iñigo Urkullu, y me he dicho a mí mismo que sí, que seguramente no es fácil dar con una expresión que, en su resumen, recoja mejor la necesidad de eso que refleja la expresión de Trillo: “luego, la política”.

Lo que viene ocurriendo con la política estatutaria da, por sí sólo, razón amplia para este tipo de conclusiones. No me refiero sólo a lo que viene ocurriendo con el nuevo Estatut de Catalunya y el Tribunal Constitucional. Eso es sólo una parte, si bien no insignificante, de lo que evidentemente reclama una salida “política” a una situación. Pero allá quien se olvide del “no al Nuevo Estatuto Vasco”, que el entonces Lehendakari Ibarretxe presentó en Madrid, y que obtuvo la respuesta política que tuvo: no y punto. Quien sueñe que aquello fue el punto final y/o que la política vasca, de ahora mismo, es un camino eficaz de normalidad –de seguro no lo piensa, por ejemplo, el propio Trillo-simplemente yerra de cabo a rabo. Pero es que cabría aportar otros ejemplos en este mismo campo: desde Estatutos aprobados, como el de Valencia, cláusula Camps incluida, de imposible desarrollo, hasta Estatutos como el de Castilla La Mancha, que abortó la pasada semana por un ponme o quítame esas aguas. Etc.

Y cabría, y se debería, hablar de otros campos: por ejemplo, el económico. ¿O se cree alguien que lo de una “nueva economía sostenible” viene, un día de estos, así, porque sí, por un par de Decretos Leyes, por unas reuniones altamente publicitadas en no se qué palacio de Madrid y algún otro gesto? ¿O se cree alguien que, de verdad, va a lograr, un día de estos, un pacto de Estado, digno de tal nombre y, sobre todo, a la altura de las necesidades, sobre la Educación?

Y podrían multiplicarse los ejemplos. Pero no son necesarios. Creo.

Lo que ahora mismo se necesita más es, a mi juicio, darse cuenta, de verdad, del alcance y profundidad de los problemas que, en parte, se manifiestan, y, en parte, se ocultan bajo la superficie de este guirigay de cosas que están ocurriendo en la política española ahora mismo. Y sacar dos conclusiones. Una, la de gestionar los problemas del día a día de la forma más razonable y sensata que se pueda. Sin soñar, por una parte (consejo que alguien debiera dar a más de un Ministro). Y sin buscar, sin más, el empeoramiento por el empeoramiento (consejo que estaría bien que atendiera más gente). Esto por un lado.

Y, por el otro, terminar de convencerse de lo que, al parecer, siquiera en un tema, parece convencido el Sr. Trillo: de que “luego, la política”.

Claro que el convencimiento no es suficiente. Sobre todo, cuando ese convencimiento se prolonga hacia el futuro con un “luego”, de alcance impreciso. Ya se sabe que en política, como en todo (sólo que los tiempos políticos, por eso de las elecciones, suelen estar muy tasados), el tiempo es una variable de gran, si no determinante, peso. Conviene, pues, acotar, o empezar a. hacerlo. No necesariamente con una fecha concreta. Siempre he pensado que la mejor forma de acotar los tiempos de ejecución de unas determinadas acciones es no dejándolas para mañana sino echándolas a andar desde ya. Sin prisa, si se quiere. Pero, también, sin pausa. Esta es una lección que aprendí hace muchos años, en un campo alejado de la política, con Axular y su Gero. No veo por qué no cabe “laicizar” y hasta “politizar” los consejos “espirituales” de insigne escritor labortano.

“Luego, la política”.

Pero sólo si echamos a andar desde ya.

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About José Ramón Beloki

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