Con ocasión del Aberri Eguna

Aberri Eguna, un año más. Sin mayor novedad, aparentemente hablando.

Los que nos sentimos y declaramos nacionalistas vascos, y creemos que no debemos dejar pasar la ocasión, a lo nuestro: celebramos y reivindicamos, a un tiempo, lo que significa un Día de la Patria vasca. Con muchos, muchísimos matices, entre nosotros, tanto sobre el significado de ese día, como sobre la manera de vivir y celebrarlo de cada cual. O dejar de hacerlo, que de todo hay.

Pero ni de lejos somos los nacionalistas vascos los únicos en hacernos presentes, en “montar el espectáculo”, ese día. No hay Aberri Eguna en el que no marquen presencia propia tampoco quienes piensan, y proclaman con hechos, que “aquí no hay más nación que la española”.En unos casos, se trata de grupos políticos, o personalidades públicas. En otros, de medios de comunicación social y periodistas-comentaristas. Con especial vocación-manía entre algunos de ellos, por cierto.

Nunca faltan tampoco a la cita los supuestamente escépticos, los exquisitos, –o cómo calificarlos- ante tal fecha. Año va año viene, siempre hay un grupo de gente que se dedica con empeño digno de mejor causa a una cierta labor misionera de desmitificar, de ningunear, de bromear y mofarse de la celebración de tal día por parte de los nacionalistas vascas.

Nadie ha faltado –hemos faltado- a la cita tampoco en el Aberri Eguna 2010. Desde esta perspectiva, podría decirse que el pasado domingo nos ofreció CERO NOVEDAD.

Y sin embargo…

A ratos, me ha parecido vislumbrar en el transfondo de ese conocido “espectáculo” del pasado domingo algunos rasgos dignos de destacarse. Principalmente en el mundo nacionalista vasco. ¿O serán simplemente ganas de ver por mi parte? Me refiero, sobre todo, a los mensajes que pudieron escucharse sobre recomposición del nacionalismo vasco.

Si algún rasgo caracteriza propiamente ahora mismo al escenario político vasco, en su lado nacionalista, es, a mi juicio, el de estar metido, más o menos de lleno, en lo que genéricamente podríamos denominar clarificación del mapa político. Y, de verdad, tiene su qué observar lo ocurrido al respecto el pasado domingo desde esta perspectiva.

Empiezo por casa. Contra interpretaciones, que se han podido escuchar y leer posteriormente de la llamada realizada por Iñigo Urkullu hacia el mundo nacionalista, yo, que estuve en la Plaza Nueva de Bilbao, entendí lo siguiente de sus palabras: el PNV está por la renovación y la recomposición del nacionalismo vasco (cualquier día de estos quizás me anime a volver a difundir un Manifiesto que, hace ya unos cuantos años, dimos algunos a conocer con tal título). Renovación y recomposición del nacionalismo vasco que apuesta por la vías democráticas, y solo por ellas, claro. Hasta ese punto, ¿qué más lógico y qué más necesario, no ya desde la perspectiva del PNV, sino del conjunto del nacionalismo? Otra cosa es cómo se haga todo ello. Y ahí hay trabajo, duro trabajo, para todo el mundo. Insisto: empezando por casa.

Pero, evidentemente, hay otras casas, en el nacionalismo, donde el trabajo se agolpa mucho más, en cantidad y en dificultad.

Desde esta misma perspectiva, lo celebrado en Irún, donde se han manifestado –digámoslo así para entendernos- gentes que se sienten de la izquierda abertzale “de siempre” y dirigentes de EA, ¿además de observadores de Aralar?, me ha traído a la memoria una anécdota pasada. Hace ya algunos años, con ocasión de determinadas conversaciones que hubo por aquel entonces entre dirigentes de mi partido y dirigentes de esa izquierda abertzale “de siempre”, uno de estos últimos –hoy en la cárcel- debió dirigirse, no sé con qué grado de seriedad o chanza, a dirigentes de mi partido en términos de “Bueno, ¿qué?. ¿Cuándo quitamos la silla de EA del medio del pasillo?

Hoy, aparentemente al menos, a la vista de lo ocurrido el pasado domingo en Irún, esa pregunta nunca sería formulada por ese mismo dirigente en esos mismos términos ante el PNV. Y no porque en el pasillo de la política nacionalista –y especialmente en la izquierda- no haya demasiadas sillas, sino porque la izquierda abertzale, por su lado, y EA por el suyo, (sin olvidarnos de Aralar y, sobre todo, pese a quien pese, sin olvidarnos de ETA quien, cómo no, tampoco faltó a la cita del Aberri Eguna con su comunicado habitual, mitad reivindicativo de atentado mitad doctrinario-propagandístico) viven momentos y circunstancias políticos notablemente diferentes de aquellos. Además de Aralar

La necesidad hace virtud, suele decirse. Y hace, a menudo, confundir ganas con realidades. La resultante, un cierto espectáculo circense.

A veces, me parece que vivimos tiempos de recreo. Digo con más precisión: que no poca gente parece vivir este momento político –de gran importancia y trascendencia a mi juicio- como si de un tiempo de recreo y de excitación circense se tratara. Me acuerdo, muy a menudo, de los tiempos de la llamada transición política, cuando, llevados de la excitación de lo que podía pasar, todo parecía posible y todos, no menos, parecían llamados, a todo.

Bueno, ya se sabe lo que pasó después. Crecieron los enanos, como suele decirse. El duro paso del tiempo nos trajo a todos notables dosis de realismo. A algunos, no pocos, cantidades significativas de frustración. Y pudimos ir comprobando que ni había sitio para todas las sillas en el pasillo, ni que todas las sillas eran igualmente útiles para los ciudadanos.

Pero eso sí, tuvimos espectáculo y recreo durante tiempo. Hasta que llegó el tiempo de clase. Y a clase fuimos, salvo los que todos sabemos que quedaron a la espera de otro profesor y de otras aulas, que ni llegaron ni llegarán.

Ahora, pareciera que el empeño de algunos en hacernos creer que hemos vuelto al tiempo de recreo ha ganado algún terreno entre nosotros. De ahí una cierta mayor algarabía, por cierto muy bien orquestada desde determinados medios de comunicación. Nada más equivocado. Lo único que percibo es mucha silla y bambalina en el pasillo. Y la necesidad, por lo mismo, de recomposición –que no es posible, en serio, sin renovación- en el nacionalismo vasco. Sin salirnos de la clase, claro.

PD: del tiempo de “recreo” que vive la política española y que quieren importar a la política vasca aquellos que critican la celebración folclórica –y cosas peores- del Aberri Eguna por parte de los nacionalistas vascos y que, al mismo tiempo, no tienen empacho en celebrar el Día de su patria, la española, con la cabra de la legión por medio, mucho habría que decir. Pero no tiene mucho interés para mí. Y, desde luego, el Aberri Eguna de los vascos no es el día para ello.

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About José Ramón Beloki

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