Segunda parte de la novena legislatura

Cada semana tiene su afán.

La primera semana en la que, por razón de volver a reunirnos en sesión plenaria, volvemos a vernos todos los Diputados y diputadas, acostumbra a tenerlo, ya de por sí. No digamos nada a poco que la situación política esté tan animada-revuelta como, ahora mismo, está la política estatal. Si a todo ello se une el que, además, se plantean para el debate político temas de notable enjundia, todavía más.

Con todos esos ingredientes, debo reconocer que yo, al menos, he vivido una semana intensa.

Siempre he tenido la sensación de que la apertura de este período de sesiones iba a tener, en mayor o menor medida, el rasgo de tratarse de algo así como de la apertura de la segunda parte de la novena legislatura. En primer lugar, porque, de hecho, estamos a punto de llegar al ecuador de la misma. Pero, sobre todo, por la necesidad de imaginar, para bien de todos, que, en efecto, esta legislatura va a tener una segunda parte realmente diferente de aquella que con tanta ligereza y escasa sensatez inauguró Zp va ya para dos años.

Cerrábamos el mes de diciembre con la sensación, siempre provisional por otra parte tratándose de quien se trata, de que, por fin, la crisis económica iba a figurar como primera preocupación política, también del Gobierno, y de que, consecuentemente, iba a haber un giro o reposicionamiento en los comportamientos políticos, más o menos de todos, y, sobre todo, empezando por, del propio Zapatero.

Debo reconocer que no ha sido así. Pero se han visto signos, todavía más decisivos, de que, más bien antes que después, va a tener que serlo.

He aquí algunos.

Al Grupo socialista, y al Gobierno, se le ha visto más de los nervios que nunca. Fue sintomática la sesión del martes por la tarde. Los socialistas perdieron una votación en la que se le instó al Gobierno a la reducción, en un veinte por ciento, de altos cargos. Los socialistas, que toda la tarde anduvieron reclamando de otros, entre ellos de nosotros, que por responsabilidad votáramos que no a la modificación de la Ley 37/1992, de 28de diciembre, del impuesto sobre el valor añadido, para permitir a las pymes y autónomos no tributar por el IVA de las facturas no cobradas, se sumaron finalmente al voto del resto simplemente “para no perder”. Nunca ha sido más fácil para este Diputado sacar adelante, con un voto unánime de la Cámara, socialistas incluidos por lo mismo, una moción exigente, en este caso para el Ministerio de Ciencia e Innovación, sobre el sistema de I+D+i del Estado español. Todo el mundo sabía, claro, que con el voto socialista o sin él, la moción salía.

La geometría variable, entendida como la ha venido entendiendo Zp en la primera parte de la legislatura no sirve para abordar con la seriedad requerida los problemas que inevitablemente vamos a tener y que se debieran abordar con seriedad en la segunda parte. Las consecuencias que se han derivado de esta forma de entender y de abordar, desde la política, los graves problemas que ahora mismo existen en el Estado español han sido simplemente desastrosas. Para todos. Y, desde luego, también para Zp que empezó perdiendo la credibilidad económica y está a punto de perder del todo la credibilidad, toda ella.

Lo ocurrido hacia el final de la semana al respecto es sintomático. Los movimientos de Duran i Lleida y del propio Rey “sondeando” (dejémoslo así) la posibilidad de eso que se llama un pacto de Estado sólo se explican, en la medida en que resultan creíbles por la opinión pública, si previamente el Gobierno y, en especial, su presidente han dejado abandonado, han desistido y/o se han mostrado incapaces de ello. En cualquier caso: Un fracaso en toda regla que, de ser definitivo, habla de que se está acabando la época Zp.

No me extraña que, de prisa y corriendo, Alonso haya dicho que los socialistas abren de inmediato una ronda de conversaciones con los partidos para ver la posibilidad o no de pactos-acuerdos. Debieron hacerlo antes, en su caso. Un Gobierno que va a rastras de las iniciativas políticas de otros no cumple con el papel que le corresponde.

Pero, en todo caso, el mayor riesgo de los socialistas, y de Zp., no se deriva todavía del hecho de andar tarde. Lo peor es que, además de tarde, no se percibe qué camino quieren –pueden- recorrer. Lo peor de andar tarde, en efecto, suele residir que los caminos, un día más bien anchos y reconocibles, se vuelven estrechos y se desdibujan tanto que simplemente desaparecen, nadie suele saber dónde.

Veremos si Alonso-socialistas-Zp. dan finalmente con uno que ayude a recorrer, con sensatez, estabilidad y eficacia políticas, el resto, nada fácil ni cómodo por lo demás, de esta novena legislatura (condenada, por lo demás, a perdurar hasta su final, más o menos como lo que le viene y le va a seguir ocurriendo, aquí en Euskadi al Gobierno de Lopez).

Iremos viendo. Para bien o para mal, sin mucho tardar

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