Daily Archives: 2009/09/04

Lengua, nacionalismo, Parlamento español

Recibo, por correo, unos comentarios un tanto apocalípticos de Iñigo Landa acerca, dice él, de mi postura –o no postura- en la Mesa del Congreso sobre lo que el presidente, Bono, ha contestado a diversos grupos parlamentarios, entre los que el mío propio, sobre el uso o no del euskera, catalán y gallego en el Parlamento español.

 

No lo reproduzco (el que quiera que vaya al blog en cuestión), pero sí recogeré que el título del comentario, expresivo de lo que supongo quiere manifestar, es el siguiente: ¿Hay algún nacionalista vasco en la mesa del Congreso?

 

Su respuesta evidentemente es que no. No, al menos, el tipo de nacionalista que Iñigo Landa cree que debemos ser todos los nacionalistas. Y, por eso, alerta a mis jefes Urkullu y Egibar para que me llamen al orden (por cierto, toda una concepción de la vida de partido, y de la vida en general).

 

No tengo intención alguna de entrar a contestar las afirmaciones del bloguero en cuestión, que, por otra parte, tiene la amabilidad de enviarme todos sus comentarios, uno a uno, a mi correo (lo que me da su trabajo).

 

Tampoco, en todo caso, me gustaría dejar pasar, una vez más, la ocasión para, como mínimo, plantear un debate en el que, me consta, todos los nacionalistas (incluso todos los del PNV) no pensamos necesariamente igual, de lo que, por cierto, me alegro.

 

Me refiero a si, en efecto, en el Parlamento español se debe (debemos los que sabemos, nacionalistas o no sería otra cuestión) hablar en euskera (y, claro, en catalán, gallego). O si la lengua operativa del Parlamento español debe ser la lengua española. Mi convencimiento es el de que no tiene interés, ni práctico ni político, para el nacionalista vasco, que yo soy, el pretender que yo pueda expresarme en euskera en la vida parlamentaria que llevo en Madrid.

 

Iñigo Landa debe de pensar lo contrario.

 

En todo caso, yo, personalmente, no creo (salvo que alguien me convenza de lo contrario con argumentos por cierto más sólidos que los del bloguero en cuestión) que el Parlamento español deba convertirse –y, desde luego, todavía menos creo que se vaya a convertir de hecho,  más allá de lo que piense o deje de pensar el Bono de turno- en un Parlamento que desarrolle su labor de forma operativa plenamente plurilingüe.

 

Y, digo más: no veo utilidad alguna, desde la perspectiva del nacionalismo que yo profeso y, a mi manera, practico, en que debamos empeñarnos en esa pretensión política equivocada y, como mínimo, espero que hasta el Sr. Landa me acepte un día, “altamente discutible”.

 

No veo qué gana el nacionalismo vasco –ni el catalán, ni el gallego- con eso. Como por cierto, diré siquiera de pasada, no veo qué gana Europa con el babel lingüístico con el que algunos pretenden (he visto a diputados españoles, sin conocimiento de más lengua que “la suya”,  reivindicar la plena operatividad del español en aquel ámbito con el mismo furor del Sr. Landa) hacerle operar. Ni qué, al fin y a la postre, el conjunto de las lenguas que aspiran, de acuerdo con esta tesis, a estar presentes, en plena igualdad entre ellas, en dichos ámbitos.

 

No se me oculta que este posicionamiento plantea problemas. Responde, en todo caso, a toda una concepción que, a mi juicio, el nacionalismo debe desarrollar más allá de consignas o proclamas al uso. Y que, por cierto, se extiende mucho más allá del problema exclusivamente lingüístico. No practico, a este respecto, la fe de carbonero nacionalista.

 

Soy consciente, en todo caso, que este posicionamiento da pie fácil, hoy, aquí y allí (por razones diversas) a una manipulación cómoda y a juicios rápidos, si no sumarísimos, que, por otra parte, tras tantos años de política, y visto lo que me ha tocado vivir, ya no me impresionan excesivamente.

 

Termino.

 

También mi posicionamiento ofrece matices, cómo no, aunque no sean ni el día de hoy, ni este sitio los más idóneos para ello. Hay alguna que, en todo caso, se impone.

 

Al Iñigo Landa de turno, antes de emitir juicios tan apocalípticos, le vendría bien que, además de un corazón nacionalista, le acompañara una cabeza que conozca el “who is who” y el “what is what” por ejemplo de un Parlamento como el español, en cuya mesa, en efecto, estoy.

 

Así, por ejemplo, debiera entender a quién le corresponde hacer qué, y, todavía más, entender las numerosas y a ratos enrevesadas triquiñuelas y escaramuzas de la vida parlamentaria, que a todos los que allí estamos –a mí en la mesa y a mi amigo Aitor Esteban en los temas de su ámbito- nos toca desempeñar.

 

Vamos, se lo digo francamente en lo que a mí toca: si entendiera que por esa declaración del Sr. Bono tuviera que dimitir, nunca hubiera entendido que mi partido me designara para ocupar el puesto que desempeño.

 

Pero ésta es otra historia. Muy menor.

 

Me interesa más, en su caso, el otro debate: ¿Debemos los nacionalistas vascos luchar, políticamente hablando, para que en el Parlamento de Madrid se hable, en pié de igualdad, el español, el vasco, el catalán, el gallego?

 

Abierto al debate y, si hay razones para ello, a cambiar de opinión, mi posición de partida es que no. Espero que no todos quieran, por esto, como al parecer pretende el Sr. Landa, situarme fuera del nacionalismo vasco.