Financiación, y otras cosas

Mis amigos me lo han escuchado innumerables veces y a quienes me siguen en mis comentarios no les cogerá de sorpresa. Me refiero a lo siguiente: llevo tiempo pensando que seguir de cerca lo que viene ocurriendo estos últimos años en la política catalana tiene notable interés en sí mismo. Digo más: es también de gran utilidad para quien está interesado en la política, tanto española, como catalana, como, no menos, en la política vasca de hoy y, todavía más, de mañana. Lo es, además, de forma especial, para los nacionalistas. Los vascos entre otros.

El rifirafe que se está viviendo, estos mismos días, en Cataluña con relación al nuevo sistema de financiación autonómica constituye una muestra de ello. No menor, por cierto.

Hay dos temas, en el seno de esa política catalana, que a mí juicio tienen especial interés: la experiencia del tripartito –PSC, ERC, ICV- (previo desalojo del poder de CiU) y el nuevo Estatuto (con su sistema de financiación como piedra angular del mismo).

Ambos temas están estrechamente relacionados. Y, en todo caso, en el trasfondo de ambos está lo que el presidente de Cantabria ha explicitado hoy mismo, en un periódico, con relación a Euskadi. “El cambio político en el País Vasco está encauzado”, ha dicho. Declaración que, básicamente, viene a coincidir con la que el Sr. Montilla hacía ayer en relación a Cataluña. “La financiación es el punto de inflexión que liga el futuro de Catalunya al PSC”. Y añadía: “Se acabaron los tiempos en que Convergència i Unió decidía lo que era bueno o malo para Catalunya”.

Esto es, en resumen y subrayando coincidencias entre Cataluña y Euskadi –no está en mi ánimo negar, por otra parte, las diferencias que saltan a la vista-: existe ahora mismo, tanto en una como otra nación (en Euskadi en estado puro), una operación que, aunque por vías distintas, persigue el objetivo de desligar el autogobierno de los que indiscutiblemente han sido sus valedores en los últimos treinta años: los nacionalistas. Y, de forma especial, de CiU, en Cataluña; y PNV en Euskadi (sé que estoy simplificando pero tampoco cabe recoger siempre y cada vez todos los matices).

Con “desligar” quiero decir que, en adelante, no sea a los nacionalistas a los que haya que preguntar sobre el autogobierno, ni sobre el de Cataluña ni sobre el de Euskadi, sino a las fuerzas estatalistas (básicamente PSC, en Cataluña; y PSE, con la colaboración del PP, hoy por hoy, en Euskadi). A ellos hay que preguntar. Y, sobre todo, hay que estar a lo que ellos respondan.

Eso es lo que, por ejemplo, acaba de ocurrir en Cataluña con el “nuevo” sistema de financiación que prevé el nuevo Estatuto de Autonomía, y que ha recibido el beneplácito, cierto es, de ERC.

Nada tiene de extraño, por lo mismo, que el Presidente Zapatero, tras reunir al conjunto de sus barones en el Consejo Territorial del PSOE dijera eso de que el nuevo sistema de financiación “revalida la fuerza del Estado de las Autonomías”.

¿Y qué tiene eso de novedad?, podría preguntar alguien, con razón. Según se mire, ninguna. En el fondo, en efecto, no se trata de otra cosa que de la manifestación, una vez más, ajustada a los tiempos y circunstancias actuales, del espíritu de la “Loapa”, esto es, del espíritu que viene persiguiendo, desde el arranque mismo de las autonomías, interpretar el Estado desde la homologación, desde la máxima igualación posible, y para ello, cómo no, desde la limitación de los autogobiernos de todas y cada una de las Autonomías, y, de forma específica, de la catalana y de la vasca.

En esas estamos, seguimos estando.

La novedad del momento reside en que aquellos “loapistas” hoscos de ayer han dado lugar a “loapistas” de cara más sonriente y, sobre todo, que se han animado, y han creído llegado el momento de su aplicación por vía “democrática”.

Veremos en qué acaba la historia. Lo que tengo claro es que si triunfan no lo será exclusivamente –quizás ni siquiera principalmente- por los méritos de quienes se vienen empeñando de tiempo atrás en ello, sino, sobre todo, por los deméritos del nacionalismo, de todo él, que quizás ha creído que ésa era una conquista ya definitivamente lograda y que no merecía mayor atención. Allí, en Cataluña, y aquí, en Euskadi.

Me ha gustado, por todo ello, la reacción, en esta ocasión, de Artur Mas, a quien leía ayer, en una entrevista en La Vanguardia, (a leer) decir una y otra vez: “¿Para qué votamos el Estatut? ¿Para incumplirlo?” Según él, la nueva financiación no cumple ni las cifras, ni el modelo ni el calendario.

No voy a entrar en el detalle de lo que afirma Más. Para mí, hasta donde atisbo, lleva razón. Por lo que respecta al calendario, desde luego. La financiación, según el Estatut, debió estar definida ahora hace un año. Por lo que respecta, a las cifras, éstas son, para empezar, un misterio. No he encontrado un solo diputado/a, interesado/a en estos temas, que afirmara la veracidad de las cifras que se están barajando. Más bien al contrario. Y la Vicepresidenta segunda calla al respecto, como hemos observado. Y respecto, al modelo, las razones que aporta Mas me resultan convincentes.

En todo caso, lamentablemente, en política desde luego, no basta con tener razón. CiU se va a ver ahora sometido a una campaña abrumadora en su contra. Y no le va a ser fácil ni siquiera hacerse escuchar por los catalanes. Artur Mas lo denunciaba ya ayer: “Mucha propaganda”, decía él. Y, al leerle, recordaba yo lo que nos ha ocurrido a nosotros mismos, en fecha todavía reciente, con nuestra propuesta de nuevo Estatuto.

El futuro, en todo caso, no está escrito. Ni en Cataluña, ni en Euskadi. El “encauzamiento” del que habla el presidente de Cantabria puede ser desbordado. Allá y aquí.

Tengo la impresión personal de que la situación, más que encauzada, está enredada. Pudiera ser que incluso cada día más enredada desde que los catalanes se lanzaron, un tanto a imitación y otro tanto con ánimo de marcar diferencia respecto a los vascos, a elaborar un nuevo Estatuto de Autonomía. Lo ocurrido, desde entonces, no es fácil de entender y pienso que para los propios catalanes tampoco es fácil de digerir.

Sinceramente no creo que, como parece que pretenden Montilla y Zapatero, la aprobación del nuevo sistema de financiación sea el final de esa difícil digestión.

Medio en broma, medio en serio (más de esto último) decía yo la pasada semana a un compañero diputado de CiU: “Ahora mismo, viéndoos a vosotros, es como si me sintiera contento de que, en su día, el PSOE y el PP, Zapatero y Rajoy, nos despacharan con cajas destempladas cuando vinimos con nuestro nuevo Estatuto”.

No me dijo que no. Se percibe que resulta demasiado el calvario que les está tocando vivir para el provecho que están pudiendo sacar.

De eso también tenemos que aprender. “Vamos, que si ahora mismo López viniera con que quiere un nuevo Estatuto para Euskadi, mi consejo, a mi partido, sería el de que no contara con nosotros para eso”, le dije a mi compañero Diputado de CiU.

Os podéis imaginar lo que me contestó.

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About José Ramón Beloki

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