EN TIEMPO DE RECREO

La “satisfacción” que mostraban los socialistas, aplausos incluidos, ayer por la noche, al cierre de la votación de las resoluciones que se han derivado del debate del estado de la nación constituye un indicador fiable y da una medida exacta de los ánimos y de las expectativas que les asisten estos días. A los socialistas y, claro, al Gobierno de Zapatero. Rozan los mínimos. No les faltan motivos. Todo su alivio, expresado en los aplausos que se dieron a sí mismos, una vez comprobaron que “sus” resoluciones –“resoluciones blandiblú”, según expresión de Aitor Esteban y amoldados a una pérdida casi ilimitada, en búsqueda de votos, de contenido político preciso real- ha consistido en que, en efecto, se aprobaron. Se contentaban así con que no fueran derrotadas, lo que constituye, como digo, todo un indicador, altamente significativo, de la salud y del vigor políticos, bajo mínimos, de todo un Gobierno.

La mañana de las votaciones me correspondió participar, en nombre de mi grupo, en la tertulia política que mantiene los martes María Teresa en TV5.Abrió la tertulia mi buen amigo Josep Sanchez Lliure. Lo hizo anunciando, a bombo y platillo, un acuerdo, firmado la víspera por Alonso en nombre del PSOE y por Duran y Lleida, en nombre de CiU, llamado a ser “el” o uno de los acuerdos estrella de las resoluciones sobre el mercado del trabajo. “Le he traído a Ud. una copia del texto del acuerdo para que le quede a Ud. constancia y detalle precisos de dicho acuerdo”, dijo Josep a la presentadora, culminando su discurso.

Una hora escasa después, pudo comprobar nuestro buen amigo de CiU, y con él comprobamos todos, que hasta ahí había llegado la “fortaleza” del Gobierno resistiendo las presiones de sindicatos y determinadas fuerzas de izquierda. El acuerdo firmado de la víspera había sido roto. Era papel mojado. No sería votado.

No cabe mejor fotografía del real del “estado de la nación”: un Gobierno y un Grupo parlamentario, de pié y aplaudiendo que las propuestas del Gobierno, de escaso y difuso contenido, además de modificadas a conveniencia, simplemente no resultan derrotadas. Y, junto a ello, un Gobierno a quien ya no se le supone valor y vigor para mantener sus propios acuerdos parlamentarios, firmados incluso con solemnidad, y de los que, por otra parte, anda francamente escaso (buena muestra de ello lo da el hecho de que, ayer mismo, en ese mismo trámite, perdiera votaciones: tres en concreto del PNV, una de ERC, y anduviera con la soga en el cuello de perder algunas otras), de su grupo parlamentario.

Esto es lo que tenemos. Mejor, lo que sufrimos. Y lo que, según todos los indicios, seguiremos sufriendo, al menos en el inmediato futuro, y a la espera, ahora mismo, de los resultados electorales europeos, ya al cabo de la esquina.

“Estamos en tiempo de recreo”, definí la situación política actual en la mesa de debate televisivo a la que me he referido anteriormente. Y añadí: “La votación de las resoluciones de esta tarde lo mostrará nuevamente con meridiana claridad”.

Y lo mostró, de forma meridianamente clara. Cegadoramente clara, incluso. Ni yo mismo me imaginaba a las nueve y media de la mañana, que es cuando afirmaba eso en la televisión, hasta qué nivel.

¿Cuánto tiempo seguiremos así? ¿Aparecerá, algún día, con autoridad política suficiente, el profesor que declare que se acabó el recreo y que es hora de clase?

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About José Ramón Beloki

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